
Qué cubresuelo usar para fresas y por qué
- Kike Ávila

- 20 ago
- 6 min de lectura
Una fresa que toca tierra húmeda se mancha, se ablanda y pierde valor comercial antes de llegar a la caja. Por eso, cuando surge la duda de qué cubresuelo usar fresas, la respuesta no debe basarse solo en el precio por metro cuadrado. Hay que valorar el sistema de riego, el drenaje de la parcela, la presión de malas hierbas, el clima y el tiempo que se espera mantener la plantación.
El cubresuelo correcto reduce el trabajo de escarda, conserva mejor la humedad y separa el fruto del terreno. Pero no todos los materiales resuelven el mismo problema. Una elección adecuada facilita el manejo diario; una mala puede acumular agua, romperse antes de tiempo o dificultar la reposición de plantas.
Qué cubresuelo usar para fresas según el cultivo
Para una plantación de fresa, el material más habitual es una malla cubresuelo tejida de polipropileno o un acolchado plástico agrícola. Ambos limitan el crecimiento de malas hierbas, pero su comportamiento en campo es distinto.
La malla cubresuelo tejida funciona especialmente bien en pasillos, perímetros, zonas de trabajo y plantaciones donde interesa que el agua atraviese el material. Al ser permeable, permite que el riego y la lluvia lleguen al suelo, mientras reduce la aparición de hierbas competidoras. También ofrece una superficie más estable para caminar, mover cajas o trabajar entre líneas sin levantar tanto barro.
El acolchado plástico negro se utiliza con frecuencia sobre el caballón, con las plantas colocadas en perforaciones. Su principal ventaja es que calienta el suelo y bloquea completamente la luz, dos factores útiles para controlar malas hierbas y favorecer un arranque más rápido en condiciones frescas. Sin embargo, requiere una instalación más precisa y debe combinarse con riego por goteo bajo el plástico.
En muchas explotaciones, la solución más práctica es combinar ambos sistemas: plástico agrícola sobre la línea de cultivo y malla cubresuelo en los pasillos. Así se protege la zona radicular y se mejora la limpieza y transitabilidad del conjunto.
Malla cubresuelo tejida para pasillos y zonas de trabajo
La malla tejida es una opción funcional cuando el principal problema está entre las líneas de fresa. Evita que las malas hierbas ocupen los pasillos, reduce el barro y ayuda a mantener un entorno más limpio durante la recolección. Esto cobra importancia en campañas con lluvia, riego frecuente o tránsito continuo de personal.
Para fresas, conviene elegir una malla resistente a los rayos UV y con suficiente gramaje para soportar pisadas, carros ligeros y una exposición prolongada. Una malla demasiado ligera puede ser suficiente para una instalación temporal, pero puede romperse si se coloca sobre un terreno irregular o si se utiliza en una zona de mucho paso.
También hay que revisar el tamaño de la parcela y la forma de las calles. Instalar paños con el ancho adecuado reduce cortes, solapes y puntos donde pueden salir hierbas. Un buen replanteo antes de fijar la malla ahorra material y tiempo de instalación.
Acolchado negro en la línea de plantación
El plástico negro agrícola es una solución directa para el caballón. Impide la entrada de luz al suelo, por lo que reduce mucho la germinación de hierbas bajo la película. Además, mantiene una mayor temperatura en la zona radicular, algo que puede ser útil en plantaciones tempranas o en fincas con primaveras frías.
Su limitación es clara: el agua no atraviesa el material. El riego por goteo debe quedar bien instalado debajo, y cualquier fuga puede pasar desapercibida hasta que afecte al cultivo. En terrenos con mal drenaje, tampoco conviene instalarlo sin haber corregido antes el perfil del caballón, porque el exceso de humedad alrededor de la corona aumenta el riesgo de problemas sanitarios.
Para una campaña corta y una plantación bien organizada, el acolchado negro suele dar un resultado muy eficiente. Para superficies donde se busca reutilizar el cubresuelo o mantener áreas de paso durante varios años, la malla tejida suele ser una inversión más interesante.
El color también cambia el resultado
El negro no es la única alternativa. El color del cubresuelo influye en la temperatura del suelo, la reflexión de luz y el comportamiento de ciertos insectos. No existe un color perfecto para todas las fincas.
El negro es el más utilizado porque controla muy bien las malas hierbas y absorbe calor. Es una elección lógica en zonas frescas o en plantaciones de inicio temprano. En cambio, en zonas de mucho calor, puede elevar demasiado la temperatura del suelo si no hay suficiente humedad ni ventilación.
Los materiales blancos o bicolores, con la cara blanca hacia arriba y negra hacia abajo, reflejan más luz y pueden ayudar a moderar la temperatura en periodos cálidos. También mejoran la luminosidad alrededor de las plantas. Son una opción a considerar en cultivos de verano o en áreas donde el calor intenso afecta al desarrollo de la fresa.
Los acabados metalizados se usan en algunos programas de producción por su capacidad de reflejar luz y dificultar la llegada de determinados insectos. No obstante, su coste suele ser mayor y su uso tiene más sentido cuando hay una estrategia concreta de manejo de plagas. No sustituyen una vigilancia del cultivo ni otras medidas de protección.
Antes de instalar, prepara bien el terreno
El cubresuelo no corrige un suelo mal preparado. Si se instala sobre hierbas grandes, piedras, restos de poda o surcos profundos, tendrá menos duración y dejará zonas vulnerables. La preparación empieza retirando los residuos y nivelando la superficie para que la malla o el plástico apoyen correctamente.
En la línea de cultivo, forma caballones firmes y con drenaje suficiente. La fresa necesita humedad regular, pero no tolera bien el encharcamiento. En parcelas pesadas o con tendencia a acumular agua, elevar la zona de plantación y revisar las salidas de drenaje es tan importante como escoger el material de cobertura.
Antes de cubrir, instala y prueba las líneas de goteo. Comprueba presión, caudal y posibles fugas. Hacer esta revisión después de colocar el plástico obliga a levantar material o trabajar con más dificultad. Si utilizas malla tejida en pasillos, deja definidos los puntos de riego, accesos y zonas donde circularán personas o equipos.
Cómo fijar el cubresuelo sin que se mueva
Una malla bien elegida puede fallar si queda mal anclada. El viento entra por los bordes, levanta el paño y termina desgarrando el material. Por ello, los laterales deben quedar tensos, sin forzar la malla, y sujetos con grapas o anclajes adecuados al tipo de suelo.
En suelos sueltos se necesitan anclajes con buena profundidad. En terrenos pedregosos puede ser necesario adaptar la fijación y evitar forzar las grapas sobre piedras grandes. Coloca más puntos de sujeción en esquinas, empalmes, bordes expuestos al viento y entradas de maquinaria.
Los solapes también merecen atención. Si dos paños se unen sin suficiente solape, aparecerán líneas de malas hierbas y puntos de desgaste. Si se solapan en exceso, se crean pliegues que retienen suciedad y dificultan el paso. La clave es mantener una unión limpia, fijada y orientada para que el agua no se acumule.
Errores que encarecen la campaña
El primer error es comprar solo por precio. Un material débil puede obligar a reponerlo a mitad de campaña, justo cuando la finca necesita más atención en riego, recolección y sanidad. El coste real incluye instalación, retirada, limpieza de malas hierbas y posibles pérdidas de fruto.
También es frecuente usar una malla cubresuelo como si fuera acolchado de caballón, o al revés. La malla permeable es excelente para pasillos y control de hierbas, pero no genera el mismo efecto térmico que un plástico negro. El plástico, por su parte, no es la opción más cómoda para crear zonas de tránsito o cubrir grandes superficies donde se necesita drenaje.
Otro fallo es no calcular el ancho y los cortes antes de recibir el material. Medir calles, caballones, márgenes y puntos de acceso permite pedir una solución más ajustada. Menos recortes significa menos desperdicio y una instalación más rápida.
La elección práctica para una finca de fresas
Si buscas controlar malas hierbas y mantener pasillos limpios, secos y transitables, apuesta por una malla cubresuelo tejida, permeable y con protección UV. Si el objetivo es cubrir directamente el caballón, acelerar el calentamiento del suelo y trabajar con goteo localizado, el acolchado negro agrícola será normalmente la opción más adecuada.
Cuando la explotación combina varias necesidades, no hace falta obligar a un solo material a hacerlo todo. Separar la función de cada zona suele dar mejor resultado: acolchado en la planta, malla en el paso y un drenaje bien resuelto en toda la parcela.
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